Entre la Estepa y el Domuyo, lazos que perduran


 Vivencias de la Estepa y el Norte Neuquino vuelven a reunirse


En la inmensidad de la Patagonia, entre los contrastes de la estepa del sur y las montañas más altas del norte neuquino, los recuerdos se entrelazan con el presente de 2026. Picún Leufú, con sus aguas poderosas y sus playas abiertas, se convierte en escenario de reencuentros y relatos compartidos. Allí, donde la vida familiar y la pasión por las historias se funden, la memoria fluye como las aguas del río Limay y se renueva como la nieve que cae cada invierno en las cumbres del volcán Domuyo, invitando a navegar sus cursos y a emprender la aventura de subir montañas que nunca termina.  


Las historias que se tejen entre las familias numerosas Diby Ferrari y Zardini Seguí son como los ríos que atraviesan la provincia de Neuquén: siempre encuentran la forma de volver a juntarse. Enero de 2026 nos regaló un nuevo capítulo de amistad nacido en la infancia, entre cartas que cruzaban el océano y búsquedas de tesoros en el icónico jardín de infantes “El Conejito”, que celebraba su aniversario. Disfrazados, corríamos por la árida barda de la ciudad capital en busca de hormigas coloradas y negras para guardarlas en una cajita de fósforos. Con un mapa dibujado a mano buscábamos la X, el próximo desafío… Como si el tiempo no transcurriera, nos encontramos nuevamente entre charlas interminables en el quincho de la chacra de Centenario. Oleadas de reminiscencias nos invadían a cada paso: en cada zambullida en la pileta, en los juegos por los canales de riego que nos llevaban, ya adolescentes, a mil y una aventuras, dejándonos fluir por las aguas.  


Esta vez, el encuentro tuvo sabor a pizza compartida con Natalia y su familia, Fanello y la acostumbrada calidez de escuchar a Elida narrar su reciente experiencia en el Encuentro de Cuentacuentos en una ciudad de México. Entre las risas de Cata, Gian Franco, Luly y Naty, y la complicidad de Raúl y mía, volvimos a sentir que el tiempo no borra la esencia de lo vivido: los paisajes de nuestra provincia siguen siendo testigos de nuestra unión.  


Las memorias de bucear en las aguas de la pileta, del viaje a la base del centinela del norte neuquino —el volcán Domuyo—, con sus aguas termales renovadoras, fumarolas y algas de propiedades únicas… todo se mezcla con la emoción del presente.  


Porque lo que compartimos no es solo un fin de semana, sino la certeza de que nuestras vidas están entrelazadas por historias hermosas de ser contadas.  


Este relato no es solo un recuerdo: es una invitación a valorar los lazos que nos acompañan a lo largo de los años. Como las aguas del río Limay, que fluyen desde su naciente en las montañas del Chachil, nuestras vivencias siguen su curso, renovándose en cada encuentro.







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